Re-concilia-te, mamá.

   Cuando se habla de conciliación laboral-familiar a todas nos entra la risa. Al menos hemos conseguido eso: que se hable, que se debata, que se le de vueltas…Aunque, no nos engañemos, aún queda MUCHO por hacer. Hoy os vengo a hablar de mi visión del asunto y de mi propia experiencia al respecto. En mi familia trabajamos los dos. Mi marido es publicista y yo abogada. Ambos trabajamos desde casa la mayor parte del tiempo (con un ordenador hoy en día puedes hacer maravillas). Aunque también tenemos que salir para hacer gestiones, reuniones con clientes, compañeros y demás fuera de casa. Yo trabajo media jornada y él todo el día. Llevamos a las peques a la guarde de 9 a 17h. Y a partir de esa hora me encargo yo de ellas. Tenemos contratada a una persona que viene dos días por semana a echarnos una mano con las tareas del hogar. Y el resto de días nos apañamos para mantener entre los dos la limpieza y el orden.

familia trabajando conciliacion

   Hace un tiempo le comentaba a @entretogasychupetes, en un post que escribió sobre el tema, que, al menos de momento, pienso que la conciliación es tarea de cada una en su hogar. Sí, quizás soy un poco desconfiada con el sistema, pero pienso que, tal y como están las cosas, o nos apañamos nosotras solitas con los medios que tenemos a nuestro alcance o si esperamos (sentadas) a que los políticos e instituciones lo hagan por nosotras, nos puede dar algo… Lo cual no impide que cada una, en la medida de sus posibilidades, continúe reivindicando lo que es a todas luces justo y necesario. Un cambio real que nos permita aquello que no puede ser más legítimo pero que, curiosamente, resulta «casi»  una utopía: formar una familia, alimentar y velar por los nuestros sin renunciar a nuestras profesiones. Antes de ser madres somos mujeres, con inquietudes, vocación profesional, formación…¿Es tanto pedir que podamos ejercer nuestra profesión sin renunciar por ello a ser madres, y madres felices, sin «vivir» al borde del ataque de nervios?

mesa de trabajo

   No podemos pretender que todo siga exactamente igual que antes de ser mamás. Tampoco sería realista esa exigencia. A nadie se le escapa que en este juego, uno de los ingredientes que siempre estará presente es el de la necesidad de hacer ciertas renuncias, o al menos cambios en nuestra rutina diaria. Es lo que conlleva toda elección, compromiso y ejercicio de la libertad en nuestras vidas. Pero lo que no tiene ni nombre es que en muchos casos «trabajo y familia» sean realidades absolutamente incompatibles o elementos causantes de verdadera angustia y sensación de división y de frustración en tantas mujeres.

   Por nuestra parte, de momento, nos funciona «el sistema» que hemos creado haciendo ajustes aquí y allá. Y gracias a Dios, a día de hoy podemos decir que en esta familia logramos, no sin esfuerzo, «conciliar».

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   Volviendo a mi tesis de «sálvese quien pueda» y de que cada una tenemos que buscar esa receta que hace que todo sepa bien o al menos bastante bien, creo que para que todo este encaje de bolillos tenga un buen resultado, y resumiendo mucho, existen dos piezas fundamentales: papá también concilia (esto es cosa de dos) y no somos super-woman. ¡Enterémonos de una vez! Necesitamos AYUDA externa para llegar a más de lo que nuestras mentes, nuestro corazón y nuestro cuerpecito serrano pueden asumir. Si no, es IMPOSIBLE. Y nuestra vida será una concatenación de «corre-corre» infructuoso, frustración, estrés, «deslome» sin sentido y, en definitiva, INFELICIDAD. Y, francamente, teniendo en cuenta el papel que las madres representamos en la vida de nuestras familias, de nuestros hijos y en la sociedad, creo que no nos lo merecemos. Desgranemos entonces estos dos elementos indispensables para no morir en el intento de este «cuento chino» de la conciliación:

mama tareas hogar

   1- Papá también. Ya lo he comentado en otras ocasiones. Os hablo desde mi propia experiencia, porque creo que es desde donde mejor se puede opinar sin errar. A día de hoy, me sería materialmente imposible llevar una vida medianamente plena y que este «grupete» que formamos papá, mamá y las dos princesas, se pareciera a lo que comúnmente entendemos por FAMILIA si mi marido no fuera co-director, co-fundador y co-administrador de esta empresa que un día decidimos crear.

papa ayudando

   No sé quién es el duendecillo misterioso que se encarga de entregarnos a la mayoría de las mamás, según damos a luz a nuestros retoños,  un «pack de bienvenida» con dos pesadas mochilas (en esto hay excepciones como en todo en la vida). Sí amigas, seguro que recordáis el día en que recibisteis los vuestros. Los productos estrella que se contienen en estas mochilas son: la AUTOSUFICIENCIA malentendida («deja que ya lo hago yo», «si no me encargo yo no lo hará nadie», etc.) y nuestra querida y pegajosa «amiga»: la CULPA. Este «delicioso» pack nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida como madres y nos las tenemos que ingeniar para lidiar con él y que deje de ser un «regalo envenenado». Porque si no, desde luego, nos hará francamente difícil sentirnos satisfechas y plenas en nuestra vivencia de la maternidad.

   En cuanto a nuestra relación con el padre de las criaturas vuelvo al principio de este argumento y os repito que, para mí, no hay otra vía para hacer las cosas que formar un auténtico EQUIPO. La coordinación entre tú y él ha de ser exquisita. Partirá por supuesto del amor, el respeto, la consideración mutua y la creencia de que la familia la hemos creado los dos y nos incumbe por igual a ambos. En este aspecto, hay que hilar fino, para que entendáis exactamente de qué estoy hablando. Desde luego me opongo frontalmente a que las «matemáticas» tengan cabida en mi casa, en mi familia o en mi matrimonio. Me explico: he presenciado atónita en muchas ocasiones como algunos matrimonios llevan una lista estricta de las cosas que ha aportado cada uno a la causa, de las tareas del hogar que ha realizado y los sacrificios que le han supuesto, de «esto te toca a ti», «yo ya he hechos suficiente»…¡Qué tristeza! ¡qué error! Algo importante falla en esos casos…No es ése el juego al que me refiero. Es indudable que más o menos ha de haber un reparto de tareas relativamente claro y preciso, si no sería un caos. Pero desde luego con una flexibilidad absoluta y sin considerar que lo correcto es que el mismo sea al 50%. No es a eso a lo que me refiero cuando hablo de igualdad. Creo que esto sería absolutamente injusto. En algunos momentos tú estarás terriblemente cansada debido a las noches de «serenata» de los niños, dando el pecho a un pequeñajo (con todo lo que ello conlleva), en un momento profesional que requiera un empujón de tiempo extra…O puede que él sufra rachas de estar a tope de trabajo, que esté pasando un mal momento por las razones que sean o depre, enfermo… Y creo que en esas circunstancias sacarle la lista al que está más «cansado y agobiado» para recordarle que tú ya has hecho tu parte y que se ponga las pilas y se las apañe porque aún le quedan cosas por hacer, es, además de mezquino y cruel, incompatible con la idea que tengo del amor y del matrimonio.

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   Cuando hablo de igual implicación en la tarea de crear, cuidar, mantener y amar a la familia me refiero a que a los dos nos preocupa y nos desvela que todo vaya bien. Que si uno de los dos no llega a todo lo que suele acometer en un momento determinado por las razones que sea, ya me las apañaré yo para suplirle. Que si le puedo hacer la vida más fácil y agradable a mi marido y viceversa, lo voy a hacer. Que aunque habitualmente esto le toca a él si son las 20,30 h. de la noche y aún no ha llegado a casa y yo he tenido la tarde un «pelín» más desahogada y puedo encargarme hoy lo hago yo y no pasa nada. A este tipo de detalles me refiero cuando digo que aquí no entran las matemáticas…Las cuentas salen cuando ambos nos sentimos en el mismo equipo. Cuando me encuentro las cosas hechas con cariño cuando las necesito y se agradece, cuando si hoy he andado «de cráneo» y no me ha dado la vida para encargarme de lo que hago habitualmente nadie me lo recrimina sino que entre ambos nos apañamos para llegar a todo como buenamente podamos…

   Y ¿por qué no hacer más agradable el día a día y el reparto de tareas? Si a él no le importa lavar los platos y a mí me horripila. Si a mí no me es tan gravoso encargarme de la ropa y las duchas de las niñas y a él no le cuesta tanto bajar las basuras o hacer la compra…En la medida de lo posible que cada uno lleve las «cargas» que le sean menos gravosas. Aunque cambiar pañales no es algo que levante pasiones jeje. Siempre nos entenderemos  para que indistintamente lo haga uno u otro según se presente la ocasión.

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  En definitiva, que dentro de un cierto reparto u orden, el amor sea el que impere y esas tareas asignadas sean flexibles y adaptables a las circunstancias. Pero siempre ha de estar claro que los hijos y la casa son de los dos (y cuando los niños tengan cierta edad también habrá que hacerles partícipes del buen funcionamiento de la familia). Y no, mamá, no te sientas culpable cuando le pides a tu marido, si no sale de él (que sería lo deseable), que se encargue de ciertas tareas, ¡faltaría más! Las mujeres tenemos tendencia a querer abarcarlo todo o incluso considerar en ocasiones, sin darnos cuenta, que el hogar es cosa nuestra y que preferimos hacerlo nosotras. En ocasiones ellos vienen muy «apañados de fábrica» y otras veces es necesaria una labor de «educación» por nuestra parte durante el noviazgo o en los inicios del matrimonio. Y hacerles ver la importancia de todos estos aspectos para que todo fluya. A veces las madres hacen el flaco favor de  trasmitir a sus hijos que lo relativo a la casa o al cuidado de los niños nos corresponde exclusivamente a nosotras, y es entonces cuando, aunque suene un poco fuerte, nos toca enseñar a amar. Si es así, hazlo con paciencia y cariño pero no lo dejes de hacer. Os jugáis mucho y es imprescindible para la buena marcha de la familia y para sacar lo mejor de él (que creo que es una de las misiones del matrimonio).

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   Las mujeres tenemos un papel protagonista en los cambios importantes que requiere la sociedad y también en esto de la conciliación. No recuerdo en qué blog de mamás leí como se quejaba de que en la guardería de su hija y en el pediatra o en el hospital a pesar de que su marido fuera el que llevara a la niña insistían en la necesidad de hablar con ella como madre para explicarle bien la información relativa a la enfermedad que tuviera en el momento o al comportamiento y actividades de la peque en la guarde. Todo ello como si inconscientemente se pensara que eso no era labor del padre sino que la madre lo haría mejor. Y su marido se disgustaba, con toda la razón. El cambio comienza con todos estos detalles cotidianos de nuestro día a día. Con no infravalorar a los hombres, como si tuvieran una especie de incapacidad natural para asumir ciertas tareas y responsabilidades.

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   En mi caso, he comprobado como el implicarse de verdad en las tareas de la casa y el cuidado de nuestras hijas ha hecho de mi marido un hombre maravilloso, generoso, cariñoso y atento. Ha mejorado infinitamente con respecto a cómo era durante nuestro noviazgo (y eso que por entonces me encantaba). Y ha supuesto que nuestro amor sea mucho más auténtico, real  y materializado en actos cotidianos que, sean pequeños o grandes, suponen que todo funcione, amar con hechos y no sólo con flores, bombones y palabras bonitas. Ya me entendéis…Vamos, que todo son ventajas. Si, a pesar de todo, habitualmente mi estado es el de estar agotada y exhausta, no quiero ni pensar si no me apoyara en él, si no pusiera el hombro…Además, es muy poco acertado ser pieza insustituible de un engranaje. Si tengo una reunión, un viaje de trabajo, me pongo enferma o concurren las circunstancias que sean que no me permitan hacer lo que habitualmente hago, quiero sentir la tranquilidad de que mi marido está preparado para apañárselas perfectamente sin mí.

   2- Necesitamos ayuda externa. Sí, más ayuda, no sólo la implicación absoluta de tu marido sino que se requieren también otros elementos que supongan un desahogo a la pesada «carga» de sacar adelante una familia. Me refiero a las benditas guarderías y a esos ángeles que contratamos para que nos echen una mano con las tareas del hogar. En una familia es mucho el trabajo que se requiere para que todo funcione. Y, habitualmente, con que papá y mamá se pongan manos a la obra no basta. Si los dos trabajamos fuera de casa o trabajamos «desde» casa, o, incluso cuando uno de los dos se dedica al cuidado de los hijos y el hogar con más intensidad sin desempeñar su labor en ninguna actividad profesional, es necesario mucha ayuda. Incluso en este último caso, la mamá que decide quedarse en casa también necesita tener tiempo para ella, para hacer deporte, cuidarse, pasear, hacer otras actividades, gestiones…Y todo esto sin llevar colgado al bebé 24 horas, claro está. En este sentido, ya os he comentado en otras ocasiones que el dinero mejor invertido es aquél que se destina a una persona de apoyo para las tareas del hogar y para la guardería.

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   Tanto en mi experiencia personal como cuando hablo con otras amigas he comprado que se pasa fatal cuando trascurridas esas temidas 16 semanas desde que nacen nuestros hijos, al hecho de re-incorporarnos a nuestra vida profesional estando agotadas le añadimos el enorme sentimiento de culpa por llevar a nuestro bebé a la guardería (o en su caso contar con una niñera o dejarlo con los abuelos. Personalmente, después de valorar los contras y pros, soy más partidaria de la guardería. Pero esto os lo contaré otro día si os parece). Sentimos que lo abandonamos, los vemos tan pequeñitos e indefensos…¡Qué mal se pasa!! Pero mamá, una vez más te lo ruego, no seas injusta contigo misma. Si queremos o necesitamos trabajar no hay otra. Y tenemos que desdramatizar este paso y permitirnos desarrollarnos como personas. Si el bebé es muy pequeñín, os garantizo que lo pasamos mucho peor nosotras al dejarlo en la guardería que él. Estará tan contento, bien atendido y se lo pasará pipa. Para nada supone perder a su mamá. Sólo son unas horas de cambio de compañía, ambiente y actividades. Y esto supone enriquecimiento, maduración y desarrollo. No les hacemos ningún mal.

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   ¡No seas tan dura contigo misma! No pretendas llegar a todo sin apoyos porque sólo conseguirás reventar. Mereces ser feliz y llevar una calidad de vida acorde con todo lo que das cada día a los tuyos. Insisto, considero que es la mejor inversión para una familia. No te líes pensando en el ahorro que supondría prescindir de ayuda en casa o guardería y hacerlo todo tú misma. Merece la pena apretarse el cinturón en otros aspectos más secundarios, pero estos apoyos son fundamentales si queremos poder permitirnos trabajar con cierta paz y de manera real y eficiente. A todas nos ha tocado alguna vez «trabajar» con los peques rondando alrededor y sabemos que es misión imposible. Ni podemos trabajar, porque así es imposible concentrarse. Ni atendemos a nuestros hijos como merecen. Sólo conseguiremos crisparnos y frustrarnos, dar gritos y hacer las cosas a medias. Es muy idílica esa estampa de súper mamá, que trabaja desde casa, con una mano teclea el ordenador, con la otra mece la cunita del bebé y con otras manos invisibles hace la comida y limpia la casa. ¡Qué maravilla! pero esta situación además de injusta es imposible, ¡no existe! Bueno, si alguna lo consigue y le funciona (insisto, en todo hay honrosas excepciones) que nos cuente su secreto. Pero a las madres mortales e imperfectas como yo, esta gesta se nos hace francamente compleja e incompatible con una vida plena y de calidad. ¿No os pasa que a veces las horas de trabajo llegan a suponer «un descanso»? Todos necesitamos cambios de actividad y momentos de concentración…

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   No sé si compartís mi visión de todo este asunto. Espero vuestros comentarios al respecto. Pero sobre todo hemos de partir del ejercicio diario de descargarnos de pesos que no nos corresponden en exclusiva, y evitar ese pegajoso sentimiento de culpa que habitualmente nos persigue. Culpables, ¿de qué? ¿de querer ejercer nuestra profesión después de habernos formado para ello y de buscar sentirnos realizadas? O, por el contrario, a la que así lo prefiera ¿de aparcar los títulos y dedicarnos al 100% a nuestros hijos si nos da la gana? ¿de no encargarme y cargarme yo con todo el peso de sacar adelante la empresa más importante para un ser humano (su familia) para no poner en peligro mi salud, mi bienestar físico y mental y mi felicidad y la de los míos? Porque sí, mamá, hemos comprobado en muchas ocasiones que cuando no estamos bien, cuando nos sentimos desbordadas y desquiciadas, los nuestros tampoco están bien. La paz no puede reinar así en casa…

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   En otra ocasión profundizaré más en ese dichoso sentimiento de culpa que sufrimos las mamás. Mientras, os dejo este post con el que espero haberos aliviado un poco y dado algunas ideas para que funcione mejor vuestro día a día y vuestra realización personal. Ser mamá es lo más grande que puede experimentar una mujer pero no ha de  ser incompatible con nuestra felicidad y bienestar personal, ni con poder ejercer otras muchas facetas que tenemos como mujeres. Mientras esperamos ese cambio global y del sistema, que todas ansiamos como agua de mayo, a ver si cada una en su casa consigue establecer ese equilibrio tan necesario y apoyarse en toda ayuda que le haga falta para lograr ser mujeres completas y que nuestra familia salga adelante de la mejor de las maneras. Empecemos por «re-conciliarnos» con nosotras mismas y por no culpabilizarnos tanto ni sobrecargarnos innecesariamente con más de lo que podemos humanamente llevar. Y tú, ¿cómo concilias? Un besazo para cada una y os espero también por instagram, donde publico con más frecuencia (@amareselmor).

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5 comentarios en “Re-concilia-te, mamá.”

  1. Ahí le has dado: la culpabilidad. Nos acompaña siempre. En nuestra casa los dos somos abogados (ya sabes un poco de qué te hablo) pero formamos un gran equipo. Y aunque los dos trabajamos fuera de casa, los dos colaboramos en todo. Nada de «te toca a ti» sino más bien un «puedes hacerlo tú hoy?». Yo no puedo quejarme en absoluto, cuento con un padrazo entregado a sus hijos y a su mujer. La conciliación en su caso es complicada, tiene jornada larguísima, viene de un gran despacho y ahora está en una empresa pero en cuanto llega a casa o todos los findes lo da todo. Eso sí, él lleva a Álvaro al cole por las mañanas. Yo trabajo hasta las 17h que voy al cole a por Álvaro y por las tardes jugamos en casa con Carlota. Yo no me puedo quejar de la conciliación porque salgo pronto y porque si tengo médicos, etc, voy sin problema. Pero entiendo a esas madres, la gran mayoría, que trabajan todo el día, si se van al pediatra les miran mal y apenas pueden conciliar. Aunque creo que el problema no es solo del Gobierno sino de las empresas, de sus jefes y de la mentalidad varonil sobretodo. Como anécdota te contaré que durante me baja de maternidad de Carlota, hubo un compañero que no la encajó bien. No entendió de qué iba y siempre se justificaba con que durante mi ausencia había habido muchísimo trabajo. Esa persona gracias a Dios ya no está pero se ve como algunos hombres no lo entienden. En fin, queda mucho camino por recorrer. Muchos besos!!

    1. ¡Hola de nuevo, preciosa!! Cómo me ha gustado leerte y qué esperanza aporta conocer historias como la vuestra. Como compartimos profesión y sé de lo que me hablas, te admiro, o mejor dicho, os admiro. Pues sé lo que significa trabajar y sacar adelante una familia día a día. Me chifla encontrarme con hogares normales y reales en los que la conciliación se consigue a base de formar un equipo. Sois unos campeones y desde luego lo estáis haciendo requetebién ¡Así da gusto! Efectivamente aún queda mucho por hacer y todas hemos tenido que cruzarnos con algún o alguna impertinente que ve la vida familiar y los pinitos que conlleva como una amenaza a la «productividad». Cuando en realidad, quien se embarca en la tarea de aumentar la natalidad en este país, aporta el mayor y más valioso capital a la sociedad: un ser humano. Si se dieran cuenta de lo que esa madre con ese embarazo y esa baja está trayendo consigo le harían hasta una reverencia jeje. Pero… ¡no hay que rendirse! Hagamos oídos sordos a los que no merece nuestra atención. Y hagamos equipo en casa para que al menos en nuestra familia, en la que de momento mandamos nosotros, podamos sentirnos todos plenos y alcanzar ese estado en el que cada persona es capaz de desarrollarse sana y felizmente en todas sus facetas. Mil besos guapa. ¡Nos leemos!

  2. Totalmente de acuerdo en tantas y tantas cosas…! Jaja Mi abuela ya lo decía…la mejor inversión es una ayuda en las tareas del hogar, aunque sea pocas horas y aunque uno de los dos no desempeñe un trabajo fuera de casa (como ella). Y en relación a lo del tema de reincorporarse al trabajo…se me ha caído alguna que otra lágrima. Etse viernes se acaba mi baja maternal (mi bebé tiene apenas 3 meses y medio), y aunque no me reincorporo hasta después de semana santa (por la compactación de lactancia), solo de pensarlo me entra una pena… Con el primero estuve con él en casa hasta que hizo los 6 meses (cogí una excedencia), pero ahora con el doctorado no puedo (porque no podría recuperar el tiempo después), así que es lo que hay. Espero que me oiga tu pediatra ????

    1. Ay, las abuelas!! qué sabias son!! jeje. En cuanto a lo de tu próxima incorporación, te mando todos mis ánimos, guapa. Sólo las mamás sabemos lo que cuesta separarnos de nuestros bebés cuando son tan chiquitines. Pero ya verás que superado el soponcio inicial en poco tiempo te adaptas e incluso lo agradeces. Es importante que tu mente pueda descansar y desconectar, aunque suene irónico puesto que estamos hablando de trabajar, pero realmente es beneficioso. Yo realicé un máster en la universidad con vistas a continuar con el doctorado después. De hecho el trabajo de fin de máster era de investigación. Y si te sirve de consuelo lo pude compatibilizar bastante bien, con mis más y mis menos, pero con muy buen resultado, con el cuidado de mi hija mayor. Ya verás como puedes con todo y tus peques estarán fenomenal. Fuera culpas, fuera inseguridades y a seguir luchando por una vida plena como mujeres a pesar de que nuestros enanos sean una prioridad. Y en cuanto a lo de la pediatra, sin comentarios…Me debió ver con cara de tonta o pensar que no vivo en este mundo para hacer semejantes aseveraciones. En fin, pasando! Un besazo

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